Cómo superar las pérdidas

septiembre 18, 2015

La pérdida de alguien o algo querido es un acontecimiento vital por el que todos los seres humanos hemos de pasar a lo largo de nuestra vida.

Por ese motivo, desde la Psicoterapia La Sal proponemos conocer el proceso del duelo, desde la perspectiva de la Psicoterapia Gestalt, para entendernos mejor y poder vivirlo de la mejor forma posible.

¿Qué es el duelo?

Como nos explica la psicoterapeuta de la Gestalt Carmen Martín Bandín en su artículo Espérame en el cielo.  El proceso de duelo según la terapia Gestalt, coloquialmente, el duelo -del latín dolus (dolor)- se entiende como el proceso psicológico para elaborar la pérdida de un “objeto” significativamente emocional para alguien.

Este proceso puede ser producido por diferentes tipos de pérdidas como la de un trabajo, la de una casa, la de un amigo que se enfada, la de un hijo que se independiza, entre otros.

Pero, generalmente el proceso del duelo más largo y complicado se produce cuando la pérdida es para siempre, ya sea por una separación o divorcio o por la muerte de un ser querido.

Si partimos de que para la Terapia Gestalt: “Toda función humana es una interacción en un campo organismo-entorno sociocultural, animal y físico”, la pérdida es un desequilibrio en la autorregulación del campo organismo-entorno, y, por lo tanto, este proceso de duelo es la restauración de ese equilibrio.

Robert A. Neimeyer en su libro Aprender de la pérdida. Una guía para afrontar el duelo diferencia tres fases del proceso del duelo, que suelen darse a partir de la muerte de un ser querido.

  • La primera etapa es la evitación de la pérdida: En un primer momento, no logramos asimilar la pérdida. Neimeyer dice que el centrarse en la realidad de la pérdida es como si miráramos fijamente al sol, que nos provocaría quedarnos ciegos si lo hiciésemos demasiado tiempo. Lo que solemos hacer es acostumbrarnos a la pérdida de manera gradual, contemplándola y mirando después hacia otro lado. Hasta que poco a poco se va convirtiendo en algo real y empezamos a entender las implicaciones que esta pérdida tiene para nuestro futuro.
  • La segunda etapa es la denominada como la asimilación: Es cuando se intenta aprender a vivir con la ausencia de la persona en los diferentes contextos. Suele venir acompañada de síntomas depresivos, tristeza, llanto, trastornos persistentes del sueño y del apetito, la pérdida de motivación, la incapacidad para concentrarse o de disfrutar y la desesperanza respecto al futuro. También, son comunes sensaciones como el nerviosismo, las náuseas y los trastornos digestivos, entre otros.
  • Por último, la etapa de acomodación: En este momento, van desapareciendo las sensaciones de angustia y de tensión y vamos aceptando la realidad. Es común preguntarse: ¿Qué va a ser de mi vida ahora?

Aun así, se suele mejorar la concentración y el funcionamiento, tenemos un mayor nivel de autocontrol emocional, y los hábitos de alimentación y de descanso vuelven a la normalidad. Se dan “dos pasos hacia delante y otro hacía atrás”.

Consejos para adaptarnos a la pérdida

Los terapeutas del duelo William Worden y Therese Rando han definido algunas de las tareas que los individuos deben realizar para asimilar y superar sus pérdidas. Son desafíos que cada persona debe afrontar, a su manera, dependiendo de sus recursos y la naturaleza de la pérdida, ya que las pérdidas significativas vuelven una y otra vez en las etapas posteriores del viaje de la vida.

Reconocer la realidad de la pérdida.

Esta tarea a priori tan obvia, implica una gran carga de intensidad emocional, ya que el reconocerla es el comienzo de ser conscientes del daño sufrido, de la ausencia de la persona querida y de la desaparición del rol que definía nuestra identidad.

Este proceso es mucho más difícil cuando nuestro ser querido está “presente físicamente pero ausente psicológicamente” (demencias progresivas) o “presente psicológicamente pero ausente físicamente” (desapariciones), porque si dejamos de tener esperanza de encontrar una cura o de volver a estar con nuestro ser querido podemos tener la sensación de que lo estamos abandonando.

A los niños que sufren pérdidas, en lugar de protegerlos, es recomendable explicarles la realidad, ya que si no es así, corremos el riesgo de aislarle en su duelo y de complicar su adaptación posterior. Además, debemos demostrarles que los mayores les seguimos queriendo y que siguen siendo importantes para nosotros.

Abrirse al dolor

Si nos centramos sin tregua al dolor de la pérdida, puede pasarnos lo mismo que si mirásemos fijamente al sol; que podemos lastimarnos los ojos si no retiramos la mirada. En la elaboración de duelo es recomendable alternar la atención a los sentimientos de tristeza, desolación y ansiedad con otros más positivos, ya que debemos descansar de la intensa angustia que acompaña la elaboración de duelo.

Revisar nuestro mundo de significados

Solemos culparnos por no haber previsto y evitado la pérdida. Estas situaciones despiertan una autocrítica depresiva que puede ser más fácil de aceptar que el abandono de la creencia de que tenemos el poder de controlar los aspectos más importantes de nuestras vidas.

Reconstruir la relación con lo que se ha perdido

Las personas que han perdido a alguien perciben su presencia en los dos años siguientes a la pérdida. Los objetos de la persona fallecida debemos conservarlos para seguir teniendo vinculación con ella. En el caso de una separación de la pareja es aconsejable no deshacerse de ellos inmediatamente, sino ocultarlos y revisarlos en un futuro cuando la elaboración del duelo requiera asumir una nueva perspectiva.

Reinventarnos a nosotros mismos.

Una parte de nosotros muere cuando perdemos a un ser querido. Construimos nuestra identidad alrededor de personas importantes, por ello la pérdida de estas personas genera un vacío en nosotros mismos. Nunca volveremos a ser nuestro antiguo yo después de una pérdida importante, así que no nos queda otro camino que construirnos una identidad que encaje con el nuevo rol.

Si nos apartamos del conflicto, si negamos la pérdida, si anulamos y bloqueamos nuestros sentimientos de tristeza, dejamos de hacer frente al dolor y a la confusión, se acabará el sufrimiento, pero el duelo quedará sin resolver y pasará a ser un asunto inconcluso que tarde o temprano pasará su factura.

En ocasiones, cuando nos cuesta demasiado asimilar esta experiencia de pérdida es recomendable buscar ayuda externa. Según comenta Martín Bandín, el terapeuta gestáltico puede colaborar en gran medida en la superación del proceso del duelo. Y es que las características de la Terapia Gestalt como “la observación de lo que ocurre en el aquí y ahora, la no interpretación, el apoyo a las interrupciones del contacto, la relación que, por definición, es dialogal, del “yo” al “tú”, la creencia en la autorregulación organísmica, la concepción holística del ser humano” son elementos básicos cuando se acompaña a una persona en duelo.