Las afirmaciones positivas se han convertido en una práctica habitual en redes sociales, libros de autoayuda y rutinas de autocuidado. Frases como “tu potencial es ilimitado”, “tu viaje es único, hazlo tuyo” o “tu resiliencia es tu mayor fortaleza” se repiten como mantras con la promesa de mejorar la autoestima, reducir el malestar emocional o incluso transformar la vida de quienes los practican.
Sin embargo, muchas personas llegan a consulta con una duda muy concreta: si las afirmaciones positivas funcionan, ¿por qué a veces generan más frustración que alivio? Desde la psicología, la respuesta es más compleja de lo que suele mostrarse en mensajes simplificados.
¿Qué son las afirmaciones positivas?

Las afirmaciones positivas son frases que se repiten de forma consciente con la intención de influir en el pensamiento, las emociones o la conducta. Su base teórica parte de la idea de que el diálogo interno tiene un impacto directo en cómo nos sentimos y actuamos.
Desde un enfoque psicológico, no se trata únicamente de “decir cosas bonitas”, sino de cómo construimos el relato interno sobre quiénes somos, qué valemos y qué podemos esperar de nosotros mismos.
La manera en que nos hablamos a nosotros mismos influye en cómo interpretamos lo que nos ocurre, pero siempre está en interacción con otros factores emocionales y personales.
¿Funcionan las afirmaciones positivas según la psicología?

La investigación psicológica muestra que las afirmaciones positivas no tienen el mismo efecto en todas las personas. En determinados casos pueden resultar útiles, pero en otros pueden ser ineficaces o incluso contraproducentes.
Cuando existe coherencia entre la afirmación positiva y la experiencia interna de la persona, estas frases pueden reforzar la confianza, facilitar una actitud más compasiva y ayudar a sostener momentos de dificultad.
Por el contrario, cuando la afirmación contradice de forma directa creencias profundas o estados emocionales muy arraigados, es frecuente que genere rechazo o malestar
Por ejemplo, repetir “me quiero y me valoro” en un momento de fuerte autocrítica puede activar una sensación de falsedad o aumentar la distancia entre lo que se dice y lo que realmente se siente.
¿En qué situaciones las afirmaciones positivas dejan de ser útiles?
Uno de los principales motivos es la disonancia interna. El cerebro tiende a rechazar mensajes que percibe como irreales o incoherentes con la experiencia emocional actual. En lugar de generar bienestar, la afirmación puede provocar frustración, culpa o la sensación de “estar haciéndolo mal”.
Además, en algunos casos las afirmaciones positivas se utilizan como una forma de evitar emociones incómodas. Frases como “todo está bien” o “no debería sentirme así” pueden convertirse en una estrategia para silenciar el malestar en lugar de comprenderlo.
Desde la psicoterapia sabemos que ignorar una emoción no la hace desaparecer, sino que suele intensificarse con el tiempo.

Afirmaciones positivas y presión por estar bien
Otro aspecto relevante es la presión implícita que pueden generar. En una cultura que valora la positividad constante, algunas personas sienten que deben estar bien todo el tiempo. Cuando las afirmaciones positivas no producen el efecto esperado, aparece la sensación de fracaso personal.
Este enfoque de las afirmaciones positivas puede reforzar la idea de que el malestar es un error o una debilidad, cuando en realidad las emociones difíciles forman parte de la experiencia humana y cumplen una función psicológica.
Entonces, ¿son útiles las afirmaciones positivas?
Sí, pero con matices importantes. Las afirmaciones positivas suelen ser más eficaces cuando:
- Son realistas y adaptadas al momento vital.
- No niegan las emociones difíciles.
- Se formulan como procesos y no como verdades absolutas.
- Acompañan a un trabajo de reflexión personal o terapéutico.
Por ejemplo, una afirmación positiva como “estoy aprendiendo a tratarme con más amabilidad” suele generar menos resistencia que afirmaciones categóricas que exigen un cambio inmediato.
Alternativas más respetuosas desde la psicoterapia
En lugar de repetir afirmaciones positivas de forma rígida, en psicoterapia se trabaja para que la persona pueda relacionarse consigo misma de una manera más realista y amable.
Esto implica aprender a escuchar el propio diálogo interno, identificar los pensamientos que aparecen de forma automática y comprender de dónde surgen determinadas creencias.
El objetivo no es convencerse de algo a la fuerza con afirmaciones positivas, sino entender por qué hablamos cómo lo hacemos y qué función cumple ese discurso interno, para poder construir formas de pensamiento más ajustadas y sostenibles.
En nuestro centro de psicoterapia en Madrid ofrecemos un espacio seguro y respetuoso donde comprender lo que te ocurre, sin fórmulas universales ni mensajes vacíos, acompañando cada proceso a su propio ritmo.



