Educación transformadora, desde la Psicoterapia Gestalt

octubre 2, 2015

¿Necesita un cambio nuestro sistema educativo actual?

Desde Psicoterapia La Sal creemos que aún queda mucho camino por recorrer para lograr una verdadera educación del ser humano. Por ese motivo, reflexionamos sobre este tema y resumimos algunos de los consejos que –según la Psicoterapia Gestalt- pueden ayudarnos a lograr una educación transformadora.

Todavía, los niños y jóvenes siguen sobrellevando largas jornadas de estudio, deberes interminables desde muy pequeños, exámenes memorísticos, castigos, insuficiente fomento del pensamiento crítico y de la creatividad, escaso tiempo libre, contenidos ideologizados, instituciones jerarquizadas, clases homogéneas… Aún más cuando nuestro sistema educativo ha cambiado muy poco en sus más de 200 años de historia.

“Si tantos estudiantes fracasan en la escuela, ¿no es la escuela la que fracasa entonces?”, se preguntaba un docente en la película y documental La Educación Prohibida.

Claudio Naranjo, psicoterapeuta de la Gestalt, se muestra de acuerdo con esta opinión, y en su libro Cambiar la Educación para cambiar el mundo, nos alerta de la necesidad de una revolución urgente en este ámbito para lograr el desarrollo humano y algo, tan simple y complejo a la vez, como la felicidad.

Con estos objetivos, propone unos principios que debería seguir el sistema educativo, según la Psicoterapia Gestalt, con el fin último de desarrollarnos de una forma plena.

La psicoterapia Gestalt

Se caracteriza por ser la pionera en considerar al ser humano como un organismo unificado, donde confluyen cuerpo y mente. Sin embargo, en el sistema educativo actual, eminentemente patriarcal, se sigue enfocando en el desarrollo de forma exclusiva de la mente, cuyo único fin es el de conseguir buenos empleos, en detrimento del desarrollo del campo afectivo, denuncia Naranjo.

Por eso, aboga por una educación “holística”, en términos de la Psicoterapia de la Gestalt, aunque él prefiere utilizar el término “integral”, en la que tenga cabida diversos conocimientos. La interculturalidad, una visión planetaria de las cosas, un equilibrio entre teoría y práctica, una atención tanto en el futuro como en el pasado y el presente, que abarque la totalidad de la persona: cuerpo, emociones, intelecto y espíritu.

Naranjo nos recuerda que según la psicoterapia Gestalt, si no se tienen en cuenta las disciplinas espirituales, aquellas que nos hagan reflexionar sobre nuestra propia identidad, nuestro organismo sufrirá un grave desequilibrio.

Y es que como dijo Erich Fromm,

“el hombre no es una hoja en blanco sobre la cual la cultura puede escribir su texto”.

Antes de enseñar cualquier materia, es prioritario el conocimiento del propio ser. Y ese descubrirse a sí mismo, implica también el descubrimiento de los demás.

¿Cuándo la escuela nos ayuda a desarrollar nuestra capacidad de amar?”, nos cuestiona. Para Naranjo, la mayor parte de los problemas emocionales, la neurosis, que se ha encontrado a lo largo de su experiencia como psicoterapeuta de la Gestalt, provienen de una frustración de nuestra necesidad de amor en la niñez, y este hecho nos ha desconectado de nuestro ser.

Por eso, para este autor, explica la psicóloga Nicole Diesbach en el prólogo, formar terapeutas es formar educadores, y formar educadores es formar terapeutas, porque todos necesitamos lo que Naranjo llama una “re-educación” para lograr la armonía del cuerpo y la mente.

En definitiva, esta re-educación, recalca Naranjo, se basa especialmente en una educación afectiva, raíz de la buena convivencia y de la participación en la comunidad, lo que implica que sea igualmente una educación orientada hacia la paz de uno mismo primero y también, hacia la unidad mundial, donde prevalezcan los sentimientos de hermandad entre los diferentes seres humanos. Más que conocimientos, añade, lo que este tipo de re-educación debe fomentar es una actitud de aprender a aprender.

Y todo ello, sin olvidar otro de los principios de la Psicoterapia de la Gestalt, la importancia del aquí y el ahora, para combatir uno de los tabúes que la mayor parte de la población sufre y que le impide expresar lo que le está sucediendo en el mismo momento. Pero, si alguien logra expresar lo que siente en ese mismo momento, puede superar muchos estancamientos estériles.