Agresión, culpa y reparación en las relaciones humanas

junio 15, 2020

¿Alguna vez has discutido intensamente con alguien a quien querías y al rato has vuelto a su lado, arrepentido/a, deseando hacer algo para compensarle por el mal rato?

El odio y la rabia nacen de la frustración del amor y de sus necesidades, pero el amor compensa al odio y repara el daño. Es decir, cuando, por ejemplo, no se cumplen nuestras expectativas, nuestro primer impulso es enfadarnos y frustrarnos; sin embargo, un gesto amable o de cariño puede restablecer nuestro equilibrio emocional.

La agresividad como impulso inintencional, los sentimientos de culpa y la necesidad de perdonar y sabernos perdonados, son elementos muy presentes en las relaciones de pareja. ¡Te contamos cómo aprender a gestionarlos y a lidiar con estas situaciones!

El valor social de la agresividad

Según las teorías de Winnicott, un importante psiquiatra del siglo XIX especialista en psicoterapia relacional, debemos diferenciar la agresividad vista como impulso agresivo de la agresividad real (intencional). La primera, también llamada “agresión reactiva” tiene un valor social, especialmente en la niñez; y, siempre y cuando no vaya ligada a los celos, la ira y la envidia, puede ser una herramienta muy útil ligada al aprendizaje, a la exploración y el descubrimiento de nuestro entorno.

La constitución de la identidad es uno de los principales campos de batalla en los que se manifiesta la agresividad. En las parejas, muchas veces, se manifiesta cuando una de las dos personas tiene la necesidad de defender la propia identidad, o siente que no existe un equilibrio en la reciprocidad de la relación, es decir, si percibe que da más de lo que recibe, o que recibe menos de lo que necesita.

Sentir con el otro: entendiendo la culpa

Cuando surge el impulso agresivo y dos personas discuten, se suele despertar el sentimiento de culpa. Existen dos tipos: la culpa persecutoria, una proyección de algo externo de lo que sentimos que tenemos que defendernos, y la culpa depresiva, con la que se despierta preocupación por el “yo”, pena, nostalgia y responsabilidad.

Aprender a sentir con el otro y asumir el sufrimiento que le hayamos podido ocasionar, nos permite amar y reparar, siempre que no nos aleje de nuestro verdadero ser. Una parte importante de la reparación es “renunciar al control omnipotente del objeto” y aceptarlo como es. Para ello, debemos aceptar nuestro propio ser y renunciar al yo ideal que también proyectamos en el otro.

Si pretendemos que la otra persona sirva a nuestras necesidades y sea maleable según nuestros gustos, es probable que aparezcan componentes destructivos en la relación.

Trabajar la compasión a través del mindfulness

La reparación alivia el sentimiento de culpa y resuelve la ansiedad del miedo a la pérdida. Tenemos la confianza de que el amor propio y el que sentimos por la otra persona, puedan restaurar lo que el odio y los impulsos han destruido. La capacidad de perdonar se convierte en una medida de este amor y en una prueba de que me pueden seguir queriendo.

El mindfulness y la psicoterapia son disciplinas a través de las cuales podemos trabajar la compasión y el amor hacia uno mismo. Establecer diálogos internos nos ayudará a afrontar el dolor, gestionar las emociones, los pensamientos y los sentimientos no deseados.

Tener una actitud compasiva es lo que nos permite aceptar las cosas como son, dejar de luchar con nosotros mismos y de estar atrapados en nuestro guion. Como resultado, nos es más fácil encontrar la paz, y poder perdonar y perdonarnos por los daños ocasionados.

A través de la práctica de la atención plena y desde la psicoterapia, nos podemos alejar de los prejuicios, vernos y reconocer nuestro dolor con ternura. Tratar a la parte de ti que sufre y es insegura con cariño y paciencia hará que se sienta menos desprotegida.

 

Si necesitas ayuda para lidiar con estas emociones o gestionar tu relación de pareja, contacta con nosotras. En el Centro de Psicoterapia La Sal realizamos talleres de mindfulness en Madrid (zona Embajadores). Con esta práctica tratamos de fomentar la introspección para aprender a ser capaces de entender tu forma de pensar y reaccionar.

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