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Terapia Gestalt

mayo 4, 2014

Yo soy yo, Tú eres Tú
Tú haces lo Tuyo, Yo hago lo Mío
Yo no vine a este mundo para vivir
De acuerdo a tus expectativas
Tú no viniste a este mundo para vivir
De acuerdo con mis expectativas
Yo hago mi vida, Tú haces la tuya
Si coincidimos, será maravilloso
Si no, no hay nada que hacer.

Fritz S. Perls (1893-1970)

Fritz Perls (1983-1970), médico neuropsiquiatra y psicoanalista, fue el creador, junto con su esposa, Laura Posner, de la Terapia Gestalt.

Las bases de la terapia Gestalt son el aquí y ahora, el darse cuenta de que hacemos y cómo lo hacemos y que es lo que necesitamos y cómo podemos conseguirlo.

Centro de psicoterapia La Sal

Psicólogos Madrid

Psicoterapia Gestalt y polaridades

abril 29, 2014

¿Qué son las polaridades?

Las polaridades son extremos de identificación. En la medida en que uno se identifica con un polo, alinea el otro polo como extraño a sí mismo. La integración requiere admitir ambos como propios, y el medio de conseguirlo una vez más, es la identificación con lo alineado. El resultado esperado es la instalación en ese punto cero de indiferencia, que permita identificarse hacia uno u otro lado según las exigencias de la situación (P. de Casso).

Hay miles de polaridades, algunos de los muchos ejemplos que se pueden trabajar en terapia son:

    Debilidad-fortaleza

    Feminidad-masculinidad

    Rebeldía-obediencia

    Responsabilidad-irresponsabilidad

    Consciencia-inconsciencia

    Flexibilidad-inflexibilidad

    Etc…

Desde la terapia Gestalt los psicólogos y psicólogas pueden trabajar estas polaridades con diversas técnicas, la más utilizada tal vez sea la técnica de la “silla vacía”. Esta técnica consiste en intentar que estas dos partes desintegradas lleguen a integrarse a través del diálogo.

El trabajo terapéutico con las polaridades nos ayuda a reconocernos y aceptarnos como somos, con nuestras partes más brillantes y nuestras partes más oscuras.

la foto

Centro de psicoterapia La Sal

Psicólogos Embajadores/Nuevos Ministerios

La fábula de la vaca: ¿Te atrevés a cambiar?

abril 28, 2014

Esta es la historia de un aprendiz, que partió en un viaje con su maestro y transformó su forma de ver las cosas.

Emprendieron el camino por los lugares más pobres de la comunidad hasta que llegaron a una casa a punto de derrumbarse, era la casa más humilde y daba un aspecto de total abandono. Ahí vivían ocho personas en diez metros cuadrados, dos abuelos, dos padres y cuatro hijos, con viejas prendas… Allí en ese lugar pasaron la noche el maestro y su discípulo.

En medio de esa pobreza esta familia contaba con una posesión: una vaca.

Una vaca que con la escasa leche que producía, proveía a aquella familia con el poco alimento de algún valor nutricional. Pero más importante aún, esta vaca era la única posesión material de valor con que contaba la familia. Era lo único que los separaba de la miseria total.

Al día siguiente, muy temprano y sin despertar a nadie, los dos viajeros se dispusieron a continuar su camino. Salieron del hogar y antes de emprender la marcha, el maestro le dijo a su discípulo: “Es hora de que aprendas la lección que has venido a aprender”.

Sin que el joven pudiese hacer nada para evitarlo, el anciano sacó una daga que llevaba en su bolsa y mató la pobre vaca que se encontraba atada a la puerta de la vivienda, ante los incrédulos ojos del joven.

Maestro, dijo el joven: “¿Qué has hecho? ¿Qué lección es ésta, quien eres tú para dejar a esta familia en la ruina total? ¿Cómo has podido matar esta pobre vaca, que representaba lo único que poseía esta familia?”

Haciendo caso omiso a los interrogantes del joven, el anciano se dispuso a continuar la marcha, y maestro y discípulo partieron sin poder saber qué suerte correría aquella familia ante la pérdida de su única posesión.

Durante los siguientes días, una y otra vez, el joven era confrontado con la idea de que, sin la vaca, aquella familia seguramente moriría de hambre.

Un año más tarde, los dos hombres decidieron regresar nuevamente por aquellos senderos a ver qué suerte había corrido aquella familia. Buscaron la humilde posada nuevamente, pero en su lugar encontraron una casa grande. Era obvio que la muerte de la vaca había sido un golpe demasiado fuerte para aquella familia, quienes seguramente habían tenido que abandonar aquel lugar y ahora, una nueva familia, con mayores posesiones, se había adueñado de aquel lugar y había construido una mejor vivienda.

¿Adónde habrían ido a parar aquel hombre y sus hijos? ¿Qué habría sucedido con ellos? Todo esto pasaba por la mente del joven discípulo mientras que, vacilante, se debatía entre tocar a la puerta y conocer la suerte de los antiguos habitantes o continuar el viaje y evitar confirmar sus peores sospechas.

Cuál sería su sorpresa cuando del interior de aquella casa salió el hombre que un año atrás habitaba en esa vivienda. ¿Cómo es posible? preguntó el joven. Hace un año en nuestro breve paso por aquí, fuimos testigos de la profunda pobreza en que ustedes se encontraban. ¿Qué ocurrió durante este año para que todo esto cambiara?

Ignorante del hecho de que el discípulo y su maestro habían sido los causantes de la muerte de su vaca, el hombre relató cómo, el mismo día de su partida, algún maleante, envidioso de su vaca, había degollado al animal.

El hombre continuó relatándole a los dos viajeros cómo su primera reacción ante la muerte de la vaca había sido de desesperación y angustia. Por mucho tiempo, la vaca había sido su única fuente de sustento. El poseer esta vaca le había ganado el respeto de sus menos afortunados vecinos, quienes envidiaban no contar con tan preciado bien.

Sin embargo, continuó el hombre, poco después de aquel trágico día, decidimos que a menos que hiciéramos algo, muy probablemente, nuestra propia supervivencia estaría en peligro. Así que decidimos limpiar algo del terreno de la parte de atrás de la casucha, conseguimos algunas semillas y decidimos sembrar vegetales y legumbres con los que pudiésemos alimentarnos.

Después de algún tiempo comenzamos a vender algunos de los vegetales que sobraban y con este dinero compramos más semilla y comenzamos a vender nuestros vegetales en el puesto del mercado. Así pudimos tener dinero suficiente para comprar mejores vestimentas y arreglar nuestra casa. De esta manera, poco a poco, este año nos ha traído una vida nueva.

El maestro, quien había permanecido en silencio, prestando atención al fascinante relato del hombre, llamó al joven a un lado y en voz baja le preguntó:

¿Tú crees que si esta familia aún tuviese su vaca, estaría hoy donde ahora se encuentra?

Cuento del Doctor Camilo Cruz

Algunas veces nos aferramos a las cosas, personas o lugares que nos  brindan seguridad y comodidad sin darnos cuenta de que hay muchos otros  caminos que nos dejamos atrás y que no nos permiten desarrollarnos y utilizar nuestras habilidades para mejorar lo que tenemos.

Si el miedo a la búsqueda de nuevas sensaciones y experiencias nos lleva a elegir una alternativa como la única posible en la vida, un cambio será el único aliado que nos permitirá que descubramos la verdadera esencia que hay dentro de nosotros mismos.

Lo que tanto nos cuesta apartar en nuestras vidas y transformamos en un hábito  impedirá divisar el amplio mundo de posibilidades que nos rodea.

Centro de psicoterapia La Sal

Psicólogas Embajadores/ Nuevos ministerios

Cuento de Jorge Bucay- “Galletitas”

abril 23, 2014

A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.

Por toda respuesta, el joven sonríe… y toma otra galletita. La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.

Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. “No podrá ser tan caradura”, piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.
Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.


- ¡Gracias! – dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.
- De nada – contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.
El tren llega.
Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: ” Insolente”.
Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas…  ¡Intacto!

Autor: Jorge Bucay.

Con este cuento podemos reflexionar acerca de los juicios que hacemos sobre las otras personas. Las actitudes que tenemos frente a otros que nos hacen responder de cierta manera frente a situaciones o personas que nos recuerdan a experiencias previas o conceptos que tenemos de lo que está bien o mal en sociedad. ¿Por qué está situación está tachada de negativa o egoísta? Porque hemos aprendido en nuestro camino de vida a ver estas situaciones como negativas en vez de jugar al juego del “dar y tomar”. Si miramos con profundidad a las otras personas y hechos veremos que los demás no sólo quieren su beneficio y perjudicar al otro sino que entre todos podemos hacer un mundo mejor y más feliz donde no prime únicamente el bien de uno mismo.

Si todos siguiéramos el ejemplo del cuento “galletitas” de Jorge Bucay veremos que el “Dar y Tomar” es más bonito y mueve menos prejuicio y conflicto.

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Centro de psicoterapia La Sal

Psicólogos Embajadores/Nuevos Ministerios

Y tú… ¿Tienes conciencia de tu diálogo interior?

abril 21, 2014

A menudo, el diálogo poco cariñoso o poco afectivo conmigo mismo/a no es un hecho aislado, y son muchos los casos en que esta comunicación negativa hacia mí mismo se acompaña de otros comportamientos igualmente negativos, como pueden ser no cuidarme físicamente, no priorizar, no priorizar nunca mis deseos frente a los demás o no dedicarme el tiempo necesario, el que cualquier ser humano necesita. Todo ellos es expresión de un problema de base: no quererme a mí mismo/a.

Es necesario querernos para querer a los demás. Y es expresión de que nos queremos no sólo el hecho de darnos mensajes de aprecio, sino también hacer cada día cosas concretas que lo demuestren. Empecemos queriéndonos nosotros/as y estaremos abriendo el camino para que nuestros comportamientos para con nosotros/as se traduzcan en iguales comportamientos hacia los/as demás.

No intentemos hacer con los/as demás o pensar de los/as demás lo que no hacemos con nosotros/as o no pensamos de nosotros/as, porque el esfuerzo, además de agotador, resultara frustrante… ¿cómo podemos dejar de exigir a los/as demás lo que nos exigiríamos son duda a nosotros/as? ¿Cómo podemos perdonar a los/as demás lo que no nos perdonaríamos jamás nosotros/as?

Tomar consciencia de nuestro diálogo interior es la base del cambio en nuestra comunicación.

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Fuente: El país.

Agradecimientos

marzo 5, 2014

Desde el Centro de Psicoterapia La Sal queremos dedicar el primer post de nuestro blog a todas aquellas personas que sin ningún interés cuando hemos contactado con ellos, con ellas, para pedirles ayuda con algo, nos han apoyado y hecho posible que la web de La Sal haya sido una realidad. Leer más →

El cruce de un rio

marzo 5, 2014

Había una vez dos monjes Zen que caminaban por el bosque de regreso al monasterio. Cuando llegaron al río una mujer lloraba en cuclillas cerca de la orilla. Era joven y atractiva.

– ¿Que te sucede? – le preguntó el más anciano.

– Mi madre se muere. Ella está sola en su casa, del otro lado del río y yo no puedo cruzar.

Lo intente – siguió la joven – pero la corriente me arrastra y no podré llegar nunca al otro lado sin ayuda… pensé que no la volvería a ver con vida. Pero ahora… ahora que aparecisteis vosotros, alguno de los dos podrá ayudarme a cruzar…

– Ojalá pudiéramos – se lamento el más joven. Pero la única manera de ayudarte sería cargarte a través del río y nuestros votos de castidad nos impiden todo contacto con el sexo opuesto. Eso está prohibido… lo siento.

– Yo también lo siento- dijo la mujer y siguió llorando.

El monje más viejo se arrodillo, bajo la cabeza y dijo:

– Sube.

La mujer no podía creerlo, pero con rapidez tomó su atadito con ropa y montó a horcajadas sobre el monje. Con bastante dificultad el monje cruzó el río, seguido por el otro más joven. Al llegar al otro lado, la mujer descendió y se acerco en actitud de besar las manos del anciano monje.

– Está bien, está bien- dijo el viejo retirando las manos, sigue tu camino.

La mujer se inclinó en gratitud y humildad, tomo sus ropas y corrió por el camino del pueblo. Los monjes, sin decir palabra, retomaron su marcha al monasterio… faltaban aún diez horas de caminata. Poco antes de llegar, el joven le dijo al anciano:

– Maestro, vos sabéis mejor que yo de nuestro voto de castidad. No obstante, cargaste sobre tus hombros a aquella mujer todo el ancho del río.

– Yo la llevé a través del río, es cierto, ¿pero qué pasa contigo que la cargas todavía sobre los hombros?

Un cuento para reflexionar acerca de la gestión de emociones.

El príncipe y la semilla

marzo 5, 2014

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta.

Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío. Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.

Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó: “¿Hija mía, que vas a hacer allí? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán en el palacio. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.” Y la hija respondió: “No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.”

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: “Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.” La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.

Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa.

Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó: “Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles”. Cuento para reflexionar acerca de la honestidad y la autenticidad.